viernes, 19 de septiembre de 2008

FANTASMAS EN BOGOTA




La modernidad no ha impedido que se siga creyendo que en Bogotá hay fantasmas.
Una hora de retraso tuvo la posesión del vicerrector académico de la Universidad Autónoma, hace dos semanas. El motivo: a la secretaria general le desaparecieron los documentos para el trámite.
En cualquier otra institución esta circunstancia sería inaceptable, pero en este plantel educativo, donde las cosas se caen al suelo sin ninguna justificación, las puertas se abren y se cierran solas, y se escuchan voces extrañas, es totalmente normal.
Según la estudiante Yuli Perdomo, un día se quedó ensayando tiple para una presentación hasta altas horas de la noche, cuando de repente, una veintena de trofeos que estaban en una repisa cayeron, uno a uno, al suelo con violencia. Gabriel Acevedo, vicepresidente del claustro, también fue sorprendido una noche, cuando sin estar conectada, una vitrola, de complejo funcionamiento, se encendió a gran volumen.
Las biblias son recurrentes en los escritorios de los funcionarios de la universidad que no se explican tantos acontecimientos extraños.


El misticismo de La Candelaria



Esta universidad fue construida sobre antiguas edificaciones, como el Auspicio de la Beneficencia de Cundinamarca, el Convento de las Clarizas y el edificio que se cree es la Clínica Central, donde murió el caudillo Jorge Eliécer Gaitán. Dichos edificios datan de finales del siglo XIX, donde costumbres como depositar a los muertos entre las paredes (emparedarlos) eran comunes.
De allí que para Francisco Ortega, historiador de la Universidad Nacional, la presencia de fantasmas en una ciudad moderna como Bogotá sea una metáfora apta para hablar de algunos temas que se habían olvidado o se quisieron olvidar. "La presencia de fantasmas evidencian memorias que la misma modernidad de la ciudad pretende borrar, pero que una y otra vez, regresa de una u otra manera", afirma Ortega.
Por eso, la enorme carga histórica de La Candelaria la llena de una gran tradición de fantasmas, que reviven en los recorridos turísticos que hace Estela Monsalve, una mujer de 79 años y de cabello blanco trenzado, que se considera a ella misma una cazafantasmas.
‘Estelita’, como es conocida, habla, entre otras, de la historia del abogado José Raimundo Russi, que fue fusilado en la Plaza Bolívar por un crimen que no cometió. Así que, a la medianoche, se le ve caminar desde su casa, en la carrera segunda con calle décima hasta el lugar de su muerte.
La experticia en la materia de esta mujer, ex senadora de la República, es tan reconocida que los directivos de la Universidad Autónoma le pidieron que les diera una charla sobre los posibles fantasmas que pudieran habitarla, y aunque ella no los identificó a todos, cree que entre ellos podría estar el prócer Antonio Nariño.



Fantasmas de casas viejas



Pero en la Candelaria no es el único lugar donde espantan, desde febrero circula en el portal de ‘you tube’ el video de una fantasma que aparece en un apartamento de Bogotá. Según el escritor Alonso Sánchez en su apartamento, en el Barrio La Cabrera, donde vive hace 15 años, también hay un fantasma, que se hace sentir entre las 5 y 6 de la tarde, atravesándose frente al televisor o las lámparas.
Así mismo, un noticiero también reveló hace unos meses el video de un espectro en el edificio donde hoy funciona la Defensoría del Pueblo.
Pero es innegable que los lugares preferidos de los fantasmas son las edificaciones antiguas, de eso dan fe varios arquitectos restauradores.
Rodolfo Ulloa, quien desde hace 20 años ha estado a punto de emprender fallidamente la restauración de la polémica casa de Villa Adelaida, cuenta que el año pasado fue asustado por una extraña presencia.
Él estaba con unos periodistas, subió con algunos al segundo piso y otros se quedaron en el primero. En un momento fijó la mirada en una comunicadora que se había quedado paralizada en el primer piso. "Ella miraba un agujero que comunicaba con el sótano y de allí salían unos extraños destellos", dice Ulloa. La mujer fue sacada de la casa por un compañero y coincidió con el arquitecto en ver los destellos, pese a que la casa no tiene electricidad desde hace muchos años.
Sin embargo, Javier Londoño, periodista que ha investigado la historia de la casa dice que "los verdaderos fantasmas del lugar son la extinción de dominio de la que es víctima, TransMilenio de la séptima, las muertes trágicas de sus habitantes y todos los inconvenientes que han impedido su restauración".
En el barrio La Merced también los han sentido. Un habitante de esta barrio el año pasado tuvo que lidiar con un fanstasma. "En varias ocasiones mi hija, de 6 años, me dijo que la ’señora’ la regañaba, y yo no entendía cuál señora. Investigué y encontré que una mujer que había vivido ahí murió en un accidente de carretera junto a su hijo", dice.
Otro edificio antiguo con tradición fantasmagórica es el Palacio de Echeverri, donde hoy funciona el Ministerio de Cultura, en la Carrera octava con calle 8. Una funcionaria cuenta que una noche salió tarde de una reunión y que cuando abrió la puerta de su oficina escuchó la voz de un hombre y vio una sombra sentada en su silla.
La explicación racional de la funcionaria es que quizá era un vigilante, porque a ella le pareció ver que tenía una gorra. Lo que ella no sabe es que Germán Ayala, el restaurador del edificio, encontró en sus investigaciones que allí se suicidó un hombre, y que una de las arquitectas que trabaja con él lo ha visto. Ella dijo que era un hombre alto, que usa una capa larga y un elegante sombrero ¿sería la misma persona?


Lo que no se olvida



"Los fantasmas son una metáfora apta para hablar de algunos temas que se habían olvidado o se quisieron olvidar. Ellos evidencian memorias que la modernidad de la ciudad pretende borrar".Francisco Ortega, profesor de Historia de la Universidad Nacional.
"En varias ocasiones mi hija, de 6 años, me dijo que la ’señora’ la regañaba, y yo no entendía. Investigué y encontré que una mujer que había vivido ahí, murió en un accidente de carretera junto a su hijo".Habitante del barrio La Merced, que prefiere reservar su nombre.
Estación de la Sabana
En la grabación de la película ‘La Ministra y yo’ extrañas circunstancias obligaron a suspender las grabaciones de noche en la Estación de la Sabana.
Los actores dicen que se veían sombras, que la planta eléctrica se apagó varias veces y que para arreglarla le hacían reiki (curación mediante imposición de las manos). EL TIEMPO estuvo en dicho lugar y supo que las empleadas del aseo se quejan de que después de asear los vagones de los trenes aparecen huellas de un niño.
También dicen que se escuchan risas, como si hubieran niños jugando. Una vez, a un conductor se le apareció una mujer mientras sacaba el carro. Él pensó que la había atropellado, pero parece ser que la mujer traspasó el vehículo.
Frente a esto se dice que en una de las edificaciones estuvo secuestrada una joven, que fue torturada y ahorcada. Sobre ella también se dice que aparece en las noches asomada por las ventanas.



VIVIANA PINEDA HINCAPIÉ


Redactora de EL TIEMPO